Un ancla en la vida

Quédate con las personas que no te sueltan en los momentos difíciles, que te animan, te aconsejan, te quieren y no te dejan caer y con la mano tendida te ayudan a salir del bache. Te abrazan y no quieres estar en ningún otro lugar que no sea allí, sintiendo la fuerza de sus brazos que te calma. Y cuanto más fuerte sea el abrazo, mejor. Así sientes que no se irá a ninguna parte. Son el ancla que evita la deriva, el mar en calma que llega después de la tormenta y nos ayudan a ver en el mañana la luz del sol que ahora nos falta, el amanecer de un día que al fin se lleve todas las sombras. 

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